Pasajes seleccionados y traducidos al inglés por el Dr. Kenneth G.Negus en 1987 (Eucopia Publications, Princeton, Nueva Jersey).

Traducidos al castellano por Ana Stellino.

1. FUNDAMENTOS

1.1 Tertius Interveniens [El tercer interventor]

A saber, advertencia a varios teólogos, médicos y filósofos,
especialmente al doctor Felipe Feselius,
para que, cuando rechacen adecuadamente
la supersticiosa contemplación de las estrellas,
no tiren al niño con el agua del baño
y debiliten con ello impensadamente sus profesiones.
Para la necesaria instrucción de todos los auténticos amantes
de los misterios naturales.

(Portada de un libro en que Kepler defiende una astrología seria.)

1.2 La indefectible experiencia de que los eventos mundanos están en armonía con los cambios que ocurren en los cielos ha forzado mi renuente creencia.
(Citado en Fred Gettings, The Book of the Zodiac [Londres: Triune Press, 1972], p. 115; fecha desconocida)

1.3 Los cielos no actúan sin mediación, pues el poder vital del alma conserva su soberanía cuando hace que sus obras estén en consonancia con las armonías celestes, bajo esta presunta ‘influencia’ de los cielos. Desafortunadamente, el término ‘influencia’ ha cegado a los filósofos al grado de que preferirían trabarse en locos desvaríos con las masas incultas que pensar científicamente como yo lo hago.
(La Armonía del Mundo, 1619)

1.4 Esta curiosidad [un tipo frívolo de astrología predictiva] florece y le estimula a uno a aprender astronomía. Y la astronomía no es rechazada, sino que se la encomia altamente, como es apropiado. Ahora bien, esta Astrología es una hija necia (como lo expresé en mi libro de Stella, Cap. XII). Pero, por Dios santo, ¿qué le ocurriría a la madre, la muy razonable Astronomía, si no tuviera a esta hija necia? El mundo, después de todo, es mucho más necio; de hecho, tan necio que la vieja y sensata madre, la Astronomía, es persuadida y engañada como resultado de las tontas locuras de su hija…
El salario del matemático sería tan exiguo que la madre moriría de hambre si la hija no ganara nada. Si en un principio nadie hubiera sido lo bastante necio para esperar aprender el futuro a partir de los cielos, entonces, señor Astrónomo, no habría usted llegado a ser tan inteligente como para pensar que era preciso dar a conocer el curso de los cielos para honor y gloria de Dios. De hecho, no habría usted conocido nada del curso de los cielos.
(Tertius Interveniens, 1610. Es importante observar aquí que Kepler se refiere a una tipo particular de astrología [«esta astrología»] y no a toda la astrología.)

1.5 No debe considerarse increíble que se puedan obtener conocimientos útiles y reliquias sagradas de la insensatez y la impiedad astrológicas. De este sucio lodo puede incluso recogerse algún caracol, unas ostras o alguna anguila para la propia alimentación; en este enorme criadero de gusanos es posible hallar los de la seda; y por último, de este hediondo estercolero una gallina diligente puede desenterrar una buena semilla, en realidad incluso una perla o una pepita de oro.
(Ibid.)

1.6 A menudo he sostenido que es un gran error rechazar algo por completo debido a sus imperfecciones, pues de esta manera ni siquiera la ciencia médica se salvaría.
(Ibid.)

1.7 El señor von Taxus escribe bajo el encargo de analizar el nacimiento [de Wallenstein] tan extensa y detalladamente como le sea posible. Aun más, una vez que yo lo haya corregido, se supone que debo explayarme al respecto con amplitud incluso mayor.
Para cumplir el encargo, limité el alcance de las particularidades mundanas. Desde luego, a los astrólogos no les faltan técnicas para satisfacer la curiosidad de la gente. Pero he sometido tales «reglas» a la prueba filosófica, y no encuentro para ellas utilidad alguna. ¿Se supone que, aun así, debo permitir que se me use como comediante, actor o alguna otra especie de animador de feria? Hay numerosos astrólogos jóvenes que muestran esta inclinación y tienen fe en tales juegos. Quien quiera ser engañado con los ojos abiertos, que recurra a los actos y espectáculos de esos hombres. La filosofía, y por lo tanto la astrología genuina, es un testimonio de la obra de Dios y, en consecuencia, es sagrada. No tiene nada de frívolo. Y, por mi parte, no deseo deshonrarla.
(Bosquejo Revisado de Este Horóscopo [el de Wallenstein]. Trazado en enero de 1625)

2. GEOMETRÍA, ARMONÍA, ARMÓNICOS

2.1 Quiera Dios liberarme de la astronomía, para que pueda dedicarme a trabajar en mi obra sobre la armonía del mundo.
(Citado en Franz Hammer, «Die Astrologie des Johannes Kepler», Sudhoffs Archiv 55, 2 [1971], p. 124; ca. 1610)

2.2 He completado ya mi obra confesional… Me entrego ahora a una sagrada locura… Estoy lanzando los dados y escribiendo un libro para el presente o el futuro. No me importa cuál. ¡Quizá [el libro] deba esperar cien años para encontrar su lector!
(Ibid., 1618)

2.3 La geometría o armonía de los aspectos no se establece entre las estrellas del cielo, sino que más bien se localiza aquí abajo, en la tierra, en el punto que reúne todos estos rayos.
(Tertius Interveniens)

2.4 El lazo más fuerte mediante el cual este mundo inferior se conecta con el cielo y se unifica con él consiste en que todos los poderes se forjan desde arriba de acuerdo con la enseñanza de Aristóteles, a saber, que dentro de este mundo inferior se oculta una naturaleza espiritual capaz de operar a través de la geometría, que se vitaliza a través de las relaciones geométricas y armónicas, originándose en una urgencia interior implantada por el Creador, y que inspira y motiva la utilización de tales poderes.
Si las plantas y los animales tienen esta capacidad, como la tiene la tierra entera, es algo que no sé. No parece imposible.
(Ibid.)

2.5 [Hay]… una unidad mucho más noble y milagrosa entre el cielo y la tierra [que la unidad material]. Esta [unidad] es incapaz de producir nada material. Es formal. Se mueve a través de las formas en este mundo inferior, y no lo hace sólo a través de las formas mudas, como se las encuentra en la piedra y el hueso, sino más bien a través de los poderes espirituales, a través del alma, la razón; de hecho, a través de la comprensión de los elementos más sutiles que se hallan presentes en toda la geometría de las cosas. Pues las criaturas terrenales están constituidas de modo tal que pueden ser así capaces de canalizar el reino celestial.
(Ibid.)

2.6 Las cantidades forman la estructura original del mundo… comprenden un reino maravilloso, de hecho divino, y expresan en símbolos lo Divino y lo humano por igual… No pretendo probar nada acerca del misticismo de los números: considero que es imposible hacerlo.
(La Armonía del Mundo, 1619)

2.7 Las cualidades armónicas fueron exhaladas por esa armonía esencial original, Dios mismo, en el proceso creativo (pues Él es esencia activa), y las insufló, en partículas de Su propia imagen, a todas las almas en mayor o menor medida.
(Ibid.)

2.8 No encontramos ningún cuerpo ni ninguna otra cosa de este mundo que fuera hecho y especificado por Dios con base en un heptágono, un eneágono [1/9 del círculo] o un endecágono [1/11 del círculo]. En consecuencia, se da también el caso de que la naturaleza no gusta de ninguna proporción que se derive de esas figuras [geométricas] rechazadas.
(Ibid.)

3. LAS CASAS

3.1 Los astrólogos han inventado la división en doce casas para dar una variedad de respuestas a cualquier cosa que pueda preguntar un ser humano. Pero considero que esta práctica es imposible, supersticiosa, predictiva y un apéndice de la brujería árabe, por cuanto permite responder sí o no a cualquier pregunta que se le ocurra a una persona, dar un oráculo a partir de la astrología y, en consecuencia, confiar en la inspiración de un espíritu del Cielo (o, más bien, del Infierno).
(Informe a Wallenstein, 1606)

4. EL ZODÍACO

4.1 Con la división del zodíaco en doce signos, se le hace un servicio al arte [de la astrología] y a la memoria: el orden natural del cielo, empero, no se apega a este orden.
(Discurso sobre la Gran Conjunción y Varias Profecías para 1623)

4.2 [En la Antigüedad] los campesinos debían buscar su calendario en el cielo… Cuando había luna llena, les era fácil advertir, por ejemplo, que la primera luna llena aparecía en los cuernos del Carnero, la segunda cerca de las Pléyades, la tercera cerca de los Gemelos, etc., y finalmente que la decimotercera volvía a salir en la primera constelación, los cuernos del Carnero. Así, la luna llena dividió todo el círculo en 12 partes.
Pero la luna llena no forma exactamente 12 piezas, sino más bien 37 piezas en tres años; por lo tanto, cada año comienza por un punto de partida diferente. Pese a ello, la división exacta en 12 persistió, al igual que el mismo punto de partida… [Otra] razón de que haya doce partes se deriva de los aspectos. La experiencia y La Doctrina de los Armónicos (que, Dios mediante, espero concluir pronto) atestiguan el hecho de que cuando dos planetas están en aspecto entre sí, por ejemplo, por un cuarto de círculo, se produce un poderoso efecto; algo semejante ocurre cuando están separados por un tercio o un sexto de círculo. Ahora bien, la diferencia entre un cuarto y un tercio, así como entre un sexto y un cuarto, es un doceavo. De esta manera, también en este caso el círculo se divide en doce, pero sin ningún punto de partida particular. Hay así más aspectos que los que teníamos previamente… Parece que esta antigua división del zodíaco en doce partes iguales se funda ante todo en una arbitrariedad humana, y que los signos no están en realidad o por naturaleza tan precisamente separados entre sí, ni que sus características, según se definen por estos límites, se yuxtapongan… En lo que respecta al punto cardinal y al primer punto de Aries, esto es realmente algo natural.
(Informe sobre la Triplicidad de Fuego, 1603)

4.3 Si uno recurre a los planetas o los nacimientos para demostrar la naturaleza de los signos [zodiacales], entonces la investigación se oscurece mucho. Esto es comparable a la imagen del sol en aguas turbulentas, donde se ve un claro relampagueo por todas partes, pero sin percibirse la figura o la imagen del sol, ya que el agua se mueve arremolinadamente. Pasa algo semejante con los nacimientos: que el cielo funciona en el interior del ser humano puede apreciarse con bastante claridad, pero qué hace específicamente permanece oculto; mucho menos se advierte qué cualidad posee cada signo o en qué punto éste comienza y termina. Ello se debe a que numerosas causas convergen y se entremezclan. En consecuencia, sostenemos la afirmación de que no existe experimento que pruebe que los doce signos se dividen en cualidades diversas, especialmente en vista del hecho de que en la otra zona templada [es decir, el sur], los signos que nos dan calor deberían ser considerados como fríos, y viceversa…
(Respuesta al Discurso del Dr. Röslin, Médico y Filósofo, sobre la Naturaleza de la Época Presente, 1609)

4.4 Una fantasía choca con otra. Saturno es asignado a Capricornio, frío y seco, pero ¿qué tiene que ver con Acuario, cálido y húmedo? ¿Qué tiene que ver Venus con él, que de modo semejante debe vérselas con un par semejante? El pobre Júpiter debe proteger el fuego y el agua, Sagitario y Piscis, de modo que adquiere un buen temperamento. Pero ¿qué buen temperamento tiene Marte, que también rige a otro par? Si los signos están adscritos a los planetas a los que uno los atribuye, entonces poseen estas cualidades; si poseen estas cualidades, entonces deben tener sin duda otros regentes, o ninguno…
(Ibid.)

4.5 Las bases de esta división [del zodíaco en doce partes iguales] no derivan de la naturaleza de lo que se está dividiendo, y no ofrecen ninguna división natural, sino que más bien ésta es puramente geométrica o aritmética. ¡Astrólogos, vayan a buscar otra!
(Citado en F. Hammer, Op. Cit., p. 122)

4.6 En mi libro, recusé en efecto el concepto de que las divisiones del cielo en doce signos y la distribución de éstos entre los planetas [es decir, como regentes] tuvieran alguna base en la naturaleza. No obstante, como la raza humana ha concebido esta partición desde la época de los caldeos hasta nuestros tiempos, y en todas las naciones, pongo a consideración del lector la posibilidad de que Dios mismo no se conforme a ella, aun cuando tal división no sea natural, y de que Él desee hablar a los seres humanos por este medio en un lenguaje o con un método de comunicación que ellos comprendan.
(On the Nova in the Foot of Ophiucus, 1606)

4.7 No quiero que se entienda que he dicho que deseo abandonar esta antigua división [es decir, el zodíaco], pues también agregué que hay que conservarla necesariamente en aras de la memoria. Mucho menos la ataqué como algo desagradable estéticamente, o como estorbosa, sino que, más bien, quise expresar esta idea: Aunque la naturaleza preparó el camino para la división, fue la razón humana por sí sola quien la creó, y en forma tal que siempre comenzaba por un cierto punto de partida; tampoco tenía que referirse a las propiedades naturales con que supuestamente los signos se distinguen entre sí. Aunque el sol, a medida que avanza por los doce signos, cambia las estaciones en la tierra de acuerdo con las cuatro cualidades, esto no se produce en esa secuencia [que fue creada por los astrólogos]…
(Respuesta al Dr. Röslin…, Op. Cit., 1609)

5. PLANETAS Y ASPECTOS

5.1 La experiencia, más que ninguna otra cosa, da credibilidad a la eficacia de los aspectos. Esto es tan claro que sólo puede ser negado por quienes no los han probado en sí mismos… He señalado que la astrología es, en realidad, un arte, y que posee sus principios y su evidencia. Los astrólogos comienzan por su experiencia, juzgan de acuerdo con sus casos según se les presentan y callan con respecto a los casos que aún no han vivido. El procedimiento es el mismo que en otras artes, cuando se empieza a adquirir conocimiento, especialmente como en la medicina…
(Tomado de cartas a Herwart y Feselius; fechas desconocidas)

5.2 Esta capacidad que confiere poder a los aspectos no se apoya en los cuerpos celestes mismos; pues los aspectos… se encuentran en la tierra y son puras figuras, cuya esencia no emana del movimiento planetario, sino que más bien se produce por la posición accidental de cada par de cuerpos con respecto a la tierra. Tal como la psique, que mueve al cuerpo, no se encuentra en el objeto, sino donde la imagen del objeto es imaginada, de manera semejante ese poder que vuelve eficaces a los aspectos debe ser inherente a todos los cuerpos sublunares, de hecho a la tierra entera. Todo el poder vital es, como se ve, un reflejo de Dios, quien crea de acuerdo con principios geométricos, y se activa en virtud de esta misma geometría o armonía de los aspectos celestes.
(Sobre los Fundamentos Más Ciertos de la Astrología, 1602)

5.3 Un aspecto es una conexión geométrica entre los rayos de luz de dos planetas aquí en la tierra. Una conexión geométrica es una relación, una cosa de la mente. Una relación no tiene efecto alguno. Por lo tanto, se sigue que el aspecto no crea la lluvia de sí mismo.
Por otro lado, se advierte que la naturaleza exuda lluvia del suelo cuando hay un aspecto. Antes y después está en calma, aun cuando los dos rayos de luz se encuentren presentes [pero no en aspecto]. De esto se sigue que la Naturaleza no es movida por un aspecto efectivamente, sino más bien objetivamente, tal como un campesino es movido a bailar por la música. Sin embargo, cualquier cosa que sea movida objetivamente se experimenta en el objeto mismo y lleva en sí el principio del movimiento…
(Respuesta al Dr. Röslin…, Op. Cit., 1609)

5.4 Como Dios el Creador tocaba música, así también enseñó a la Naturaleza a tocar como él, es decir, precisamente la pieza de música que tocaba para ella. Así ocurre que, con respecto a la música, el alma natural de ningún ser humano quiere tocar con base en heptágonos, ni disfruta la melodía si esta proporción se les da a las voces, porque Dios no tocaba con estas figuras.
(La Armonía del Mundo, 1619)

5.5 A fin de evitar que el número de aspectos crezca demasiado, creando así confusión en la aplicación práctica, hay que detenerse en la cuadratura, el quintil y el biquintil, y no continuar derivando aspectos en grado extremo; tales aspectos resultan sumamente débiles.
(Op. cit.)

5.6 El alma humana, en el momento de los aspectos celestes, recibe un impulso especial para llevar a cabo la actividad y las tareas en que está ocupada en ese instante. Lo que el aguijón es para el buey, las espuelas o las riendas para el caballo, el tambor y la trompeta para el soldado, un discurso acalorado para el oyente, la melodía de una flauta, una gaita o un violín para un grupo de campesinos, así son estas cosas para toda la configuración celeste de los planetas apropiados… Incitan a las personas, pero son incapaces de garantizar el resultado.
(Op. cit.)

6. HERENCIA

6.1 Creo que en el momento del nacimiento de los niños, y particularmente del primogénito, los planetas, así como el Ascendente y el Medio Cielo, suelen hallarse en los mismos grados zodiacales, o en cuadratura u oposición a esa zona, que cuando nació el padre o (especialmente) la madre. También creo que se producen los mismos aspectos o aspectos similares… Yo nací cuando a la Luna le faltaban cuarenta grados para estar en oposición con el Sol. En el caso de mi primogénito, a la Luna le faltaba la misma cantidad de grados para hallarse en conjunción con el Sol. Para mi segundo hijo, la Luna había pasado la oposición con el Sol por igual número de grados. Cuando nació el cuarto niño, la Luna estaba a 38 grados de la oposición con el Sol. Para mi tercer hijo, el caso no era muy diferente, pues la Luna se encontraba a una separación de 40 grados del Sol, más un día de movimiento lunar: se esperaba el parto para el día previo. Dejo de lado otros ejemplos que coinciden con estos.
(Ibid)

7. EL HORÓSCOPO NATAL Y SU IMPRONTA

7.1 Cuando la vida de un ser humano comienza, cuando tiene ya su propia vida y no puede seguir permaneciendo en el vientre materno, recibe entonces un carácter y una impresión de todas las configuraciones celestes (o imágnes de los rayos que forman intersección en la tierra), que conservará hasta la tumba.
(Tertius Interveniens, 1610)

7.2 No se recibe ese carácter en el cuerpo, que es demasiado torpe para ello, sino en la naturaleza del alma misma, que es como un punto. De este modo el alma puede transformarse en ese punto en que convergen los rayos, y no sólo puede participar de esa facultad de razonar por la que únicamente nosotros, entre las criaturas vivientes, somos llamados racionales; también se le implanta otro tipo de razón: la geometría, que puede percibirse instantáneamente en los rayos, así como en la música, sin necesidad de un prolongado proceso de aprendizaje.
(Ibid.)

7.3 La naturaleza de un ser humano, al principio de su vida, no sólo recibe una imagen instantánea del cielo, sino también de su movimiento, según se percibe desde la tierra, durante varios días sucesivos; y de este movimiento deriva la forma en que manifestará tal o cual humor, y el tiempo en que esta naturaleza sincronizará, con mucha precisión, estos acontecimientos, según se halle determinado por las direcciones seguidas los primeros días de vida.
(Ibid.)

7.4 El poder vital que se enciende en el corazón y arde allí mientras dura la vida es, en cierto sentido, un zodíaco. Se compone de energía y de una poderosa efusión. Así, toda la figura sensorialmente perceptible del zodíaco fluye hacia las funciones vitales en cuanto despiertan al momento de nacer y alcanza en ella su completo desarrollo. (El cielo está luego en libertad de moverse hacia otras configuraciones y tomar nuevas formas)… En el punto donde [el poder vital] empieza a ser lo que fue entonces (en el momento de nacer), cuando ha incorporado las armonías a sí mismo, la armonía sensorialmente perceptible de los rayos planetarios fluyen hacia él con mayor fuerza.
(La Armonía del Mundo, 1619)

7.5 En el poder vital del ser humano que se enciende al nacer brilla esa imagen recordada a la que me referí también en relación con la Tierra-Alma. Tan grande es la persistencia de la imagen-carácter celeste y de todos los detalles del tema natal, y tan perdurable es la imagen natal del alma, que no se les olvida hasta el final de la vida. Los tránsitos planetarios sobre las posiciones más importantes del horóscopo hacen que se incite el poder vital mencionado, como si esas posiciones no fueran simples imágenes de cosas pasadas hace mucho que permanecen en el alma, sino más bien cuerpos celestes reales. Así, por ejemplo, es como si no hubiera uno, sino dos soles en el cielo, que se unifican y ponen en marcha, mediante su unión, la naturaleza del poder vital.
(Ibid.)

7.6 La constelación natal no es más que una forma vacía. Cuando el alma es vertida en ella, el ser humano no asume esta forma de inmediato. Sigue siendo difícil de manejar, conserva gran parte de la manera de pensar y sentir de la madre, y mezcla esto con el nacimiento. Así el nacimiento forma y configura el alma, pero no produce una nueva, ni cambia el alma por completo.
(Carta a Fabricius; fecha desconocida)

7.7 Las personas nacidas cuando hay numerosos aspectos planetarios suelen volverse industriosas e inquietas, ya sea que desde su infancia se acostumbren a amasar fortuna, o que hayan nacido o estén destinadas a tener una activa vida pública, o que se dediquen al aprenizaje… El horóscopo natal es algo maravilloso.
(La Armonía del Mundo, 1619)

7.8 Puede decirse, en general, que una vida fácil y feliz sólo puede lograrse si los rayos y las cualidades de los planetas armonizan entre sí de la manera apropiada, vale decir, geométricamente. Esto sólo se produce cuando el carácter de toda la configuración celeste se imprime en el poder procreador, nutricional, formativo, sensual y animal del ser humano. Pues el cuerpo es una materia prima demasiado tosca para que sea capaz de absorber el sutilísimo carácter de una cosa intangible pero, aun así, perceptible. Creo que ésta es por lo tanto la razón de que, aunque el cielo realiza constantemente toda clase de cambios posibles, se preserva no obstante el carácter de esa configuración, a saber, la configuración que se hallaba en los cielos cuando la vida del ser humano fue encendida al nacer y, por así decirlo, vertida en el molde… Las imágenes de las cosas celestes se imprimen en el interior del ser humano mediante algún método de absorción oculto… Aun más, eso que, en nuestra memoria, es el carácter de lo que se vio, oyó y pensó; vale decir, en esa particular facultad del alma, el carácter del cielo que se virtió en nosotros cuando nacimos. Por otro lado, cualquier acto de pensar que nos lleve a recordar [nuestro nacimiento], o cualquier acto de volver a sentir que nos mueva a traer a la memoria nuestras primeras sensaciones, es en todo caso, por algún proceso misterioso, el renovado movimiento del cielo y el tránsito de los planetas por las posiciones natales.
Pero todo esto constituye un asunto sumamente escabroso, que puede fácilmente inducir a error, y por ello no quiero afirmarlo con total certeza y estoy abierto a las opiniones que los eruditos tienen al respecto.
(On the Nova in the Foot of Ophiucus, 1606)

8. EL ESPÍRITU DE LA TIERRA

8.1 El doctor Roeslin se equivoca cuando afirma que la tierra no es más que un cuerpo grosero, a la que el cielo no infundió los esenciales. Mi respuesta es que si la tierra no fuera más que un cuerpo grosero, dejaría de moverse. Contiene, empero, un alma, que entre otras actividades hace girar la carne (la tierra) en el asador una vez por día, de modo que participe del calor del sol uniformemente. Así, no pertenece al cielo, sino que es animada por éste debido a que constituye una entidad de un tipo que posee alma y espíritu.
(Respuesta al Dr. Röslin.., Op. cit., 1609)

8.2 Me gustaría trazar una comparación entre el poder vital del ser humano y el Mundo-Alma en lo que respecta a la influencia celeste. Me parece que la Tierra-Alma es un círculo que no posee principio ni fin y que no establece conexiones en ninguna parte. El poder vital del ser humano, por otro lado, puede ser comparado a un círculo que, al parecer, posee, por así decir, diversos puntos de unión. La razón de esto es que la Tierra-Alma no tiene un nacimiento, ya que siempre permanece igual y nunca nace, nunca comienza. Pero el nacimiento del ser humano, que quizá acaba de venir al mundo y ya avanza hacia la muerte, asume el carácter de su comienzo, por lo que ciertos puntos del principio y del fin se distribuyen por todo el zodiaco.
(Ibid.)

9. LA PREDICCIÓN Y SUS TÉCNICAS

9.1 Algunas predicciones sobresalientes de eventos futuros (de naturaleza general), obtenidas mediante la predicción del movimiento celeste, se encuentran bien fundadas en la experiencia. Cualquiera puede consagrarse con tanta diligencia a la astrología como un botánico a un medicamento herbal, quien se asegura de los efectos de las hierbas en su propia persona. De hecho, esa diligencia es necesaria. Y todos los días se produce cierta corroboración, y la experiencia amplía cada vez más nuestro conocimiento. Esos ejemplos de la astrología, como los que se mencionaron anteriormente, encuentran su base, en creciente medida, en la naturaleza o en la filosofía cuando los consideramos con sumo cuidado.
(Tertius Interveniens, 1610)

9.2 En lo que respecta a algunas personas, no resulta aventurado pronosticar generalidades sobre su fortuna o su desgracia futuras. Esto se debe a que el astrólogo presupone naturalmente que cada quien es el creador de su propio destino, salvo donde Dios interviene para mantener el orden en casos extraordinarios. El astrólogo percibe, hasta cierto punto, la conformación y la índole humana de este creador, cuya personalidad queda impresa en su naturaleza al nacer.
(Ibid.)

9.3 Debo confesar que muchas cosas que, supuestamente, ocurren de acuerdo con los pronunciamientos de los astrólogos se atribuyen a causas que no son en absoluto sus causas.
(Ibid.)

9.4 De este ejemplo [es decir, de mi propia vida], cualquiera puede concluir sin dificultades que la astrología difícilmente es capaz de ofrecer respuestas precisas, sólo con base en el horóscopo, a esas cuestiones que suelen presentársenos: sobre los padres, el sexo, las propiedades, los hijos, el número de esposas, sobre la religión y el gobierno, sobre los amigos, los enemigos, la herencia, la familia, los lugares de residencia y una infinitud de otras cosas.
(La Armonía del Mundo, 1619)

9.5 Si, con base en el horóscopo natal, se pueden establecer suficientes supuestos acerca de las características del alma, entonces se obtendrán conclusiones muy útiles sobre el destino más amplio y general de un ser humano. Estas conclusiones sólo son, empero, supuestos, y nada más. Desde luego, uno puede engañarse a sí mismo cuando intervienen condiciones diversas, de tipo tanto natural como sobrenatural.
(Ibid.)

9.6 Todas las cualidades naturales de los cinco planetas, así como de algunas de las estrellas fijas más importantes… pueden ser captadas por el entendimiento humano, aunque no en forma perfecta, e integradas en una especie de ciencia o cuerpo de conocimiento, el cual puede utilizarse para pronosticar eventos futuros de la misma manera y tan completamente como se hace en medicina con las varias y distintas hierbas.
(Tertius Interveniens, 1610)

9.7 Cada día después del nacimiento significa un año; dos días, dos años, y así sucesivamente. Se sigue de esto que debe trazarse el sol sobre la eclíptica de acuerdo con su movimiento diurno; el M.C., según su ascensión recta; el Ascendente, según su ascensión oblicua, y siempre, en referencia con la hora de nacimiento, con la ascensión recta del lugar trazado del sol; de este modo, el horóscopo siempre se hace de nueva cuenta. La luna también debe ser trazada sobre la eclíptica, de acuerdo con el movimiento diurno del sol. Pero hay que eliminar la pars fortunae (la Parte de la Fortuna), y no trazarla, porque no es un cuerpo celeste ni forma parte del cielo. También hay que desistir de trazar los planetas restantes, porque no tienen, en sí mismos, nada en común con el movimiento de la tierra.
(Ibid.)

9.8 Las predicciones naturales son más confiables que las astrológicas, porque se derivan de causas terrenales y directas, y por lo tanto tratan más precisamente la cuestión específica. Así, un estratega militar conoce la fortuna o la desgracia futuras [en la guerra]; un abogado, el resultado de sus casos; un historiador, los cambios en el gobierno; un anciano, la condición futura de sus hijos; un médico, el resultado de una enfermedad; un campesino, la fertilidad anticipada o las lluvias del día siguiente. Cada uno está mejor capacitado para pronunciarse sobre su área especial que el astrólogo… La especialidad de este último consiste en examinar la singular causa general y universal, el curso de los cuerpos celestes.
(Almanaque para el Año de Nuestro Señor, 1598)

10. RECTIFICACIÓN

10.1 Los astrólogos reconocen este [problema] y lo resienten poderosamente, pero también poseen métodos para superar tal incertidumbre, uno mejor que otro… [Se ha dicho] que si el error consiste sólo en un minuto es demasiado, y se calculó que se descuidan aquí y se pasan por alto muchos miles de millas [en ese tiempo]. He indicado que las dimensiones del firmamento no deben engañarnos: el alma natural del ser humano no es mayor que un único punto, y en este punto quedan potencialmente impresos la forma y el carácter de todo el cielo, sin importar si éste es cien veces más grande. Un error de un minuto no implica una diferencia mayor que un cuarto de año. ¡Oh, qué felices se considerarían los astrólogos si pudieran predecir correctamente dentro de un cuarto de año!
(Tertius Interveniens, 1610)

11. INFLUENCIAS MALÉFICAS Y BENÉFICAS

11.1 Dios no creó a los seres humanos sino hasta después de haber creado los planetas. Luego de esto Dios procedió a dar forma a la humanidad. Le habría resultado muy fácil formarnos de tal manera que sólo tuviéramos que vérnoslas con el afable Júpiter, y que experimentáramos a Saturno o Marte tan escasamente como experimentamos una roca inerte. Por ello, debe ser bueno y sagrado que el hombre no sólo experimente al afable Júpiter, sino también al frío Saturno y al ardiente Marte. Y que estos dos lo dañen tan poco como la bilis y la hiel dentro de su cuerpo. Pero los médicos ordinarios menosprecian estos humores [líquidos] considerándolos excrementos, tal como se menosprecia a Saturno y Marte considerándolos planetas malignos… No puedo concebir a la bilis como un excremento, sino como una sustancia necesaria que forma parte de las materias nutritivas que fluyen por los vasos sanguíneos.
(Ibid.)

11.2 En los cuerpos celestes mismos no hay nada sino luz, colores, cualidades indicadas por los colores, calor, humedad y, finalmente (aquí abajo sobre la tierra, en la combinación de los rayos de luz), geometría o armonía. Estas cosas son todas buenas, y no lo es menos el carácter de ellas que se imprime en la naturaleza del ser humano recién nacido, ni tampoco lo es menos el orden correcto y saludable de las cosas según lo establecido por Dios, pues todo lo que Dios creó es bueno. Pero siendo lo que es la naturaleza humana y dado que su entendimiento utiliza mal una u otra cualidad o armonía, esto no es culpa del cielo, ni de sus rayos de luz, ni de su armonía, ni de su carácter, sino que más bien lo que está en falta es la mala voluntad que se permite a sí misma ser despertada por el pecado original.
(Ibid.)

11.3 No creo que exista nada maléfico en el cielo. Digo esto principalmente… porque el hombre se caracteriza por una naturaleza que sigue su curso aquí en la tierra y que produce, por sí misma, el efecto emanado de las radiaciones planetarias. Se asemeja al sentido del oído que nos permite escuchar armonías y confiere tal poder a la música que ésta obliga al oyente a bailar.
(Ibid.)

12. DESTINO Y LIBRE ALBEDRÍO

12.1 No atribuyo en lo absoluto a los cielos la manipulación de los asuntos terrenales. También en este aspecto mi postura filosófica difiere enormemente de ese disparate que sería preferible llamar locura.
(La Armonía del Mundo, 1619)

12.2 Parece que son tres las cosas en que se funda el destino humano, en la medida en que éste es natural: el alma, la estructura del cuerpo y el ángel guardián. Nadie dudará de la existencia de la primera; la segunda permanece algo oculta y no se la reconoce muy ampliamente; sólo puedo ofrecer supuestos con respecto a la tercera… Pues las Santas Escrituras dan testimonio de los ángeles guardianes (Job 33, Mateo 18, Lucas 15), en el sentido de que algunos son nombrados protectores de seres humanos particulares y se les asigna la tarea de prevenir a sus pupilos e interceder por ellos ante el tribunal de la Divina Providencia.
(Ibid.)

12.3 Si el lector imagina una verdadera causa natural, y luego reflexiona en que el cielo, con todas sus influencias, no opera en forma distinta de ninguna otra causa natural en lo que respecta a cómo puede ser usado bien o mal, aceptado o rechazado, entonces que cada quien, en ciertas épocas [de peligro], considere cuidadosamente a las personas que lo gobiernan, y que domine además su propio corazón y su propia mente, para que no vaya a lanzar una brizna de paja al fuego…
(Pronósticos para 1618 y 1619, 1618)

INTERPRETACIÓN DE KEPLER DE SU PROPIA CARTA

Mercurio en la séptima casa significa rapidez, e indolencia porque es veloz. El Sol en sextil con Saturno revela meticulosidad y paciencia. Las siguientes dos características son opuestas en el ser humano: constante cargo de conciencia por el tiempo perdido y constante pérdida de tiempo de la que uno mismo es culpable. Mercurio causa inclinación a las bromas y el juego, resultante también del placer por las cosas más banales. Pues de niño me dedicaba apasionadamente a jugar. De joven, otras cosas cautivaban mi mente y, por lo tanto, me consagré a otras actividades; así, es cuestión de juicio lo que produce placer al ser humano. No obstante, como la avaricia me apartaba del juego, solía jugar solo. Debe notarse en este punto que el objetivo de la avaricia no era la adquisición de bienes, sino que más bien se basaba en el temor a la pobreza, aunque quizá toda posesividad deriva de una ansiedad mal aplicada… El deseo de dinero aprisiona a muchos. Yo tomaba en consideración la utilidad y la honorabilidad. Tal vez gran parte de esto tiene sus raíces en la vergüenza de ser pobre. Ante todo, no soy arrogante ni desprecio la opinión pública, aunque desde luego mi modo de expresarme tiende a ser corrosivo.

Cuando, por ejemplo, Saturno forma aspecto con Mercurio, éste se vuelve frío, de manera que la mente se entorpece; cuando Júpiter forma aspecto con Mercurio, éste se vuelve húmedo y cálido. En el primer caso, todo se dirige a la avidez de ganancias; en el segundo, al deseo de fama y honor. Cuando Marte está a la vista, asusta. Hace que la mente se derrumbe y la arrastra a la ira, el juego, la insconstancia, los cuentos, las guerras, los excesos, la temeridad, la actividad; cosas todas que corresponden al hombre mortal: [Marte] incita al espíritu de contradicción, a la pelea, a la desaprobación de todo orden, a la crítica de las costumbres. Todo lo que abordé en mis estudios es conspicuo: acaloramiento en las conversaciones, discusión, desdén, censura de los hábitos inmorales de una persona…

(Tomado del ensayo autobiográfico de Kepler en latín, escrito en 1597, cuando tenía 25 años. La fuente es un manuscrito en latín que, aparentemente, no pretendía ser publicado. Esto explicaría la calidad tosca, apresurada, de la prosa.)

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